El cuajamiento artístico

  1. El cuajo. Para hacer queso en los ranchos de México se utilizaba una parte de los interiores de las vacas que se vertía en la leche para iniciar el proceso de convertirla en queso. Se llama, a esta parte del animal, cuajo. Y de ahí deviene en verbo. Se dice que la leche cuajó cuando funcionó el agregado del que hablamos. O bien, falló y se dice «no cuajó», no va a haber queso. Hoy los procesos químicos han eliminado la utilización del cuajo, pero la palabra perdura en el habla popular.
  2. Cuando elaboramos una treta y el objetivo final se cumple decimos que la cosa cuajó. No es raro encontrar el uso de esta palabra entre talleristas de grupos de escritores. Cuando el escrito está enclenque o no encontró su forma apropiada, decimos que no cuajó. Tristeza infinita para el autor que escucha estas palabras.
  3. Este «cuajamiento» se puede lograr por varias vías. El cumplimiento de una forma predeterminada (lo que hacíamos en el taller del Instituto Tecnológico: décimas) asegura de alguna manera el cumplimiento de lo que hemos venido hablando. Sólo basta cumplir la métrica y la rima para que el poema cuaje. Así que pasar al verso libre era un riesgo que había que correr para ver si lográbamos esa forma cumplida (forma de lo más amorfa comparada con la cabal décima).
  4. Factores externos como la forma ya señalada también recurren a otras maneras de «auxilio». Tenemos pues a la arquitectura que debe cumplir toda una serie de detalles técnicos para lograr la fortuna deseada: el edificio o la planeación urbana). En la literatura también hay factores externos que los escritores de esa arquitectura literaria que llamamos novela, deben cumplir. He visto a mi amigo César Anguiano mencionar en sus cursos de novelística decir que en el capítulo tal debe suceder esto, en el otro el acontecimiento éste debe llevarse a cabo. Planeación estructural especificada a detalle.
  5. La valentía de los escritores de vanguardia, radica en este detalle: su cuajamiento resulta incomprensible en ocasiones para la sociedad donde estos viven, pero ellos saben que lo han logrado. Ya luego la sociedad irá leyendo y comprendiendo mejor la forma, la obra que tienen entre sus manos y degustarán un queso de nuevo sabor que satisfará a ellos y a las nuevas generaciones.

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