Frente a lo oscuro

Frente a mí la oscuridad bordeada por árboles luminosos. Alambres de púas me impiden cruzar hacia allá. Además, está la calle intermedia por la que fluye la ciudad. Estamos en el borde de lo salvaje que hemos controlado. Acá la seguridad y la certeza. Allá, el salvaje caos bien plantado.

Es de noche y miro al cielo. Allá, otra oscuridad infinita nos debería hacer dudar de no sé que certezas. Y es que acá estamos tan seguros de nuestras lamparitas con las que edificamos y formamos historias repetidas, avances ficticios en una noria sin agua. Soy entonces tan natural como ese árbol frente a mis ojos. Yo le soy tan natural que me recibe aquí, bajos sus ramas.

Estamos en la noche aquello oscuro, la calle y yo con nuestras luces. Yo escribiendo para dejar constancia, aquello existiendo para perdurar olvidos.

Agujeros negros en Guadalajara

Trabajo en Guadalajara. No tengo auto y mi único medio de transporte es el colectivo. Los traslados, aunque pudieran parecer en un espacio corto, son largos en el tiempo. Así es que aprovecho esas “horas muertas” leyendo en los camiones, cuando encuentro asiento.

En cierta ocasión iba leyendo Breve historia del tiempo de Stephen Hawking. Me siento abrumado por los enormes datos que Stephen pone en mi cabeza. Me doy cuenta de que ya está por llegar mi “bajada”. Toco el timbre. Me bajo. Estoy en las calles de siempre en la colonia Alcalde-Barranquitas, pero no identifico nada de eso que he visto repetidas veces. Me siento perdido. ¡Maldito Hawking! ¿Ahora cómo llegaré a mi casa?