Remanso 1

Ayer fue domingo, día familiar, salir al campo y realizar actividades para desestresarte y desaburrirse (¡cuánto DESastre). Pues bien, yo llevé mi cámara, miré algunas plantas y paisajes y disparé.

Misterios, puertas a senderos que no me atreveré jamás a recorrer

Confieso que, a la par de su atractivo, algunos árboles me peoducen verdadero terror. En esta foto una «alfombrilla» de plantas hizo una especie de «casita» con puerta y todo, dando un aspecto terrorífico. Yo no quiero entrar ahí.

Plantita

Luego, seguí caminado hacia otro lugar y me encontré muchas plantas, enormes piedras (estaba cerca del volcán) y esta fue la que más me gustó.

Fin de semana de recorridos por los caminos del volcán.

La imagen de Rafael

Conocí a Rafael en 1991, por intermediación de Víctor Manuel Pazarín. Hoy que lo pienso Rafael siempre me pareció un ser místico. No sabría explicar esto y creo que no tengo mayor fundamento que lo que me otorgó su imagen y su forma de hablar y caminar por el mundo. Tal vez mi apreciación se vea justificada ahora que le escucho hablar sobre la imagen, sobre su fotografía. Rafael, me ha dicho, hace fotografía para encontrarse a sí mismo, para dar testimonio de su propia vida. Así que, no me parecerá exagerado decir, que la religión de Rafael es la imagen, ahí encuentra (o crea) sus propios símbolos.

Me agrada su persona siempre dispuesta a dar. Humano en muchos sentidos, no duda en ofrecer lo mejor de sí a quien se lo solicite. Pero, sin duda, lo que más me agrada es su capacidad de escuchar, está atento para luego ofrecer una respuesta inteligente y fácil. Digo fácil porque llega esa respuesta luego de un largo andar en su quehacer como fotógrafo, sabe lo que dice.

Rafael siempre da lecciones y aquí escucharemos muchas que nos serán de beneficio.

Rafael y su espejo

Conclusiones fotográficas

Conclusiones tras haber terminado el taller de fotografía de Rafael del Río.

  1. La asignación de un proyecto y todo lo que él conlleva (la planeación, la justificación, la visualización de nuestras tomas y nuestros resultados). Es decir, los tiempos y las acciones y hasta las reflexiones, cosas que hacemos sin la cámara y previas al disparo. Hacer todo ello me hicieron pensar que en realidad debemos aspirar a sentirnos como verdaderos fotógrafos y no como meros capturistas de imágenes.
  2. Dejar ya a un lado el «pisa y corre» (hacer un foto e irnos a tomar la que sigue). Darle tiempo a una sola imagen aún cuando esto suponga hacer varias tomas. Darle vuelta a las cosas, dejar pasar el tiempo, buscar la mejor composición, buscar la mejor distribución geométrica de los objetos y, sin olvidarlo, dejar que el azar participe en todo ello. Tener en mente que desplegaremos todas estas posibilidades que fotografiamos para quedarnos, al final de cuentas, tal vez con una, con la mejor.
  3. Dejar de ser un capturista de instantáneas. Entiendo por estas, aquellas fotos que no tienen planeación alguna, que las hacemos al momento sin ninguna intención más que capturar algo anecdótico. Buscar algo más profundo y para ello debemos convencernos de la responsabilidad de ser testigos y creadores frente a esa realidad que se despliega ante nosotros exigiendo ser interpretada. Ya no buscar hacer sólo fotos bonitas.
  4. Si por un lado ya atendimos a los elementos internos de la composición fotográfica (el encuandre, los elementos dispuestos dentro de nuestro cuadro, su relación correspondiente en ese espacio que les hemos asignado), debemos ya entender que tales disposiciones no son la finalidad última de nuestra foto. Esos entramados deberán ser el sostén físico para lograr mostrar al espectador una obra más social y con más impacto que las estéticas que conseguíamos con anterioridad a este taller.
  5. La visualización del color como una «palabra» más dentro de nuestro discurso plástico. Considerar las tonalidades resultantes para lograr una homogeneización de las fotos en grupo. Si hay saturación, continuar con los tonos fuertes; si hay difuminación, seguir con esos colores diluidos; si hay sólo blanco y negro… ¡no mezclarlo con colores!

El ensayo fotográfico

El título alude a un curso-taller que impartió Rafael del Río en Comala, en el Centro Estatal de las Artes. Nuestro tiempo (fuimos unos diez alumnos) corrió entre la atención que nuestro amigo Rafael merecía (conocimientos muy ejemplares) y el compartir la sabiduría que muchos de sus alumnos desplegaron. Me gustaría, a manera de resumen, enlistar lo que ahí aprendimos.

  1. Los aspectos fotográficos básicos apenas fueron tocados. Tal vez porque se suponía que estábamos entre fotógrafos, nadie habló de la composición básica, la regla de los 2/3, etc. Así que de ello aprendimos muy poco.
  2. Tal vez uno de los dos aspectos que más se destacaron en este taller lo podríamos enunciar en la siguiente premisa: la fotografía es un arte y, como tal, no sólo toma en cuenta la conformación de su obra (la foto impresa), si no que, y aquí habría que recalcar, la multiplicidad de signos y sentidos que emite en tanto obra humana.
  3. El otro de los aspectos a los que nos referimos es a la exigencia de la imaginación por parte del fotógrafo. Aunque esto creo que no fue muy explícito del todo, creo que fue entendido al desplegarnos Rafael su propia obra y la de otros fotógrafos que, espero, nos sirvieron de inspiración. Ciertamente ver la enorme variedad de estilos y posibilidades nos lleva a concluir lo siguiente: en el arte nada está terminado, tú como fotógrafo, debes agregar originalidad al discurso fotográfico actual para enriquecer este arte que tanto amamos.

No todo está en la captura de la imagen, ser fotógrafos deberá suponer HACER fotografía tal como el pintor maneja el lienzo en sus diversos tamaños y disposiciones. Así también nosotros debemos ver el tiempo posterior a la captura (ya en la edición particular de la foto individual, ya en nuestro trabajo como editores y curadores hasta donde sea posible de nuestra obra).