Querido José

José Barocio es un escritor y poeta colimense-michoacano que cree es rechazado por muchos, no se da cuenta de que habemos más quienes lo queremos.

Nos narra en esta charla sus experiencias en la vida, terribles cosas que le han sucedido a su familia, violencias hacia su propia persona. Pero que, afortunadamente, ha podido superar gracias a la literatura.

Cronista del infortunio homosexual, creador de bellos haikús de los que gusta escribir con puntualidad y respeto por la palabra. Él mismo se considera directo y sarcástico. Su literatura erótica en no pocas ocasiones ha causado incomodidad a muchos que la leen, pero él sigue escribiendo, sabiendo que se es como se es y no se puede mentir.

José tiene amigos, algunos ya han muerto y tiene la valentía de ser su voz de alguna manera, para continuar con la obra de aquellos que marcaron su destino.

Seven de Alfalfa

Mi tío Jesús fue a vivir a San José de Gracia, Michoacán, no sé porqué razones. La cosa es que frecuentemente nos invitaba a que pasáramos allá los días de vacaciones o los fines de semana. Gustosos íbamos y comíamos ahí y nos adentrábamos en el bosque de Mazamitla.

En cierta ocasión me invitó a que me fuera a trabajar en su carpintería durante todas las vacaciones de verano. Más de un mes completo. Yo estaba encantado de andar en otro lugar que no fuera mi propio pueblo. Nos levantábamos temprano y nos dirigíamos caminando hacia la carpintería a unas cuantas cuadras, pueblo chico. Mi tío fabricaba roperos con materiales muy ligeros de una madera comprimida, no madera de verdad, por así decirlo.

En el camino pasábamos por una casucha que tenía un letrero que me hacía pensar y pensar sin llegar a una solución sobre lo que ahí se vendía: Seven de Alfalfa. Yo creía en lo que decía ya que en anteriores viajes había visto yo Fantas de fresa o Titanes de piña. ¿Pero, un refresco de alfalfa? La verdad hasta se me antojaba, pero nunca llegué a comprar dicho refresco.

MYa después de tanto pasar por ahí y leer una y otra vez el enigmático letrero, me di cuenta del error de escritura típico de nuestros candorosos publicistas. En realidad decía: se vende alfalfa. Con lo cual caí en el desencanto.