Charly Larroa

Foto propia

Las nuevas formas de relacionarnos entre nosotros (humanos, estudiantes, artistas) que nos trajo ya desde hace varias décadas la tecnología (cuando aún estábamos lejos de sospechar siquiera esta pandemia) hizo que conformáramos grupos de interés común en un montón de ramas. La que nos atañe ahora es la rama de la creación y la hojita de la escritura.

Charly estaba en uno de esos grupos y se dio a conocer de manera inmediata dada la humanidad que le aflora sobre la piel sin pensarlo siquiera. Charly es una de las personas más humanas que conozco, tal ha sido su gusto por los seres humanos que sus escritos tocan una y otra vez el tema (incluido el del amor que siente por su esposa). Charly también necesita estar cercano a la gente y lo logra mediante la pintura digital que le han encargado una y otra vez muchos amigos suyos.

Este Larroa (digo recordando que también sus hermanos son escritores) tuvo la feliz suerte de ser otro de esos seres que fueron salvados por la literatura cuando la violencia en casa se apoderaba de su infancia. ¿Imaginan la fuerza tal que un espíritu así debe tener para no sucumbir y ser un replicante de la violencia en el hogar? Para fortuna de muchos de nosotros, Charly optó bien y ahora nos deleita con sus poemas, sus palabras y sus imágenes.

Me dio mucho gusto charlar con el buen Charly y el haber despertado en él una emoción genuina ante la oportunidad de compartir su palabra.

Filosofía popular

  1. Los artistas en general han volcado su mirada hacia lo popular o lo cotidiano desde hace ya siglos. Mencionemos a Mozart que en sus óperas dejó de lado los grandes temas olímpicos (Zeus, Marte, etc.) para hablar de lo cotidiano, celos, amoríos, etc. que se vivían en la sociedad de su época. Dentro de la pintura, iba a mencionar a los artistas de principios del Siglo XX, pero recordé que sobre lo cotidiano ya los españoles (Murillo, Velázquez, etc.) habían tocado lo cotidiano también en sus obras. No es punto aquí indagar quién fue el primero entre ellos. La cosa es que sucedió y ahora todos lo sabemos.
  2. En terrenos de la filosofía (que no es terreno artístico, para nada) se han tocado los grandes temas (la existencia, la muerte, el amor, etc.) durante siglos. No estoy seguro de lo que aquí voy a afirmar, pero creo que esta disciplina del pensamiento no ha hecho lo propio en volcar sus formas hacia lo cotidiano. Claro que se me dirá que la filosofía toca todo aquello que sea significativo para el ser humano y que, por lo tanto, lo cotidiano no le es tema ajeno. Pero no me refiero a lo cotidiano como tema, sino al ejercicio mismo del pensamiento en lo cotidiano. Es decir, los filosófos no nos han enseñado a pensar a aquellos que no somos filósofos. Su divulgación debería lograr una pedagogía para el cotidiano. Que el público vulgar se enseñara a pensar, a formular sus propias preguntas e inquietudes, no sobre los grandes temas filosóficos sino sobre los problemas en los que a diario estamos sumergidos. Un enseñarnos a pensar por nosotros mismos para dar solución a lo que nos aqueja de manera inmediata y no en lo trasendental a lo que nos han acostumbrado.
  3. Creo que ya no queremos más sabiduría, ahora simplemente debemos formarnos nuestras respuestas y ya. (¿Habrá un público para esto?)

Deseos cumplidos

En casa, durante mi infancia, mi padre nutrió mi espíritu con música e imágenes. Me contaba que durante el embarazo de mi madre, él compró varios discos LP para hacerlos míos (los rotuló con no sé qué sistema eficaz). Guillermo Ochoa Rodríguez, decían en la portada. Recuerdos sólo dos discos de esos: La Quinta sinfonía de Beethoven y Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Fue tan acertado su regalo que siempre me encantó la música toda.

También en casa había libros, enciclopedias con imágenes de los grandes pintores. Se hablaba de vez en cuando, entre amigos de mis padres, sobre estos pintores, vida y obra. Mi admiración a su obra también era sincera.

Yo desee, en mi primera infancia, ser músico y pintor. Mis padres también así lo desearon y me enviaron a clases con el maestro Telésforo Martínez, padre y abuelo de excelentes músicos locales. Yo deseaba tocar algún instrumento, lo malo fue que las clases básicas tenían en consideración el aprendizaje del solfeo, básico para cualquier músico, pero aburrido para mí. Fracasé. Pero mis intentos volvieron tiempo después y acudí a las clases de órgano con la maestra Mireya Cabeza de Vaca. Mal oído, mala destreza digital, me hicieron abandonar para siempre mis deseos de aprendizaje formal de la música. Sin embargo, la guitarra me traería mejores satisfacciones. El maestro Rafael Benítez en el bachillerato me aceptaría en la rondalla del Tecnológico cuando yo cursaba el bachillerato. Tuvimos múltiples presentaciones y eso fue satisfactorio para mí.

En las artes plásticas mis intentos llegaron a copiar caricaturas que me gustaban y, después, aventurarme a mis propias creaciones. Dibujaba mucho, mi madre me alentaba. Vecinos me enseñaron algunas técnicas fundamentales del dibujo. En la secundaria conocí los dibujos de mi amigo y compañero Pedro Mendiola, me sentí apabullado con su capacidad para el dibujo. Avergonzado ya no quise seguir desarrollándome. Creo que ahí comencé a abandonarlo todo.

Música y dibujo, mis anhelos primeros. Terminaría optando por las letras en las que aspiro, de alguna manera, a la musicalidad y la formación de imágenes. Ahí sí tengo satisfacciones totales.