Aclaración

En mi otro blog (Los días y las horas) ustedes, queridos lectores, podrán acceder a narraciones de mi tiempo vivido en Zapotlán, el Grande, Jalisco. Quise ser estricto al contar las historias que ahí, y sólo ahí, había vivido. Claro que siempre me quedó el gusanito de escribir sobre otras ciudades en las que también había vivido (San José de Gracia, Tepic, Guadalajara, etc.), pero mi exigencia delimitante me lo impedía.

Ahora, gracias a este otro blog con un espíritu más diverso, las narraciones de las otras ciudades caen muy bien, y así pienso hacerlo. Claro que no dejaré de lado los recuerdos de mi infancia y adolescencia. Así pues, ustedes, mis lectores, podrán acceder a los diversos lugares ya señalados consultando las etiquetas agrupadoras que iré formando conforme alimente este blog.
Les hago saber a quienes lo ignoraban, que mi otro blog estará disponible para su lectura y agradeceré que así lo hagan. Muchas gracias por todo.

Los caminos

Viajamos, vamos a conocer lugares nuevos. Tenemos en mente la localidad de destino. Nuestra mente y nuestros ánimos están propensos a la sorpresa, la desean con tantas ansias que no sólo a la meta, pueblo o ciudad, se le ve con ese desconocimiento base de la sorpresa deseada que generará la maravilla del lugar desconocido. El camino mismo va satisfaciéndonos de alguna manera. La vegetación, la primera, es lo más evidente de nuestro desconocimiento. Nuestros ojos miran aquellos árboles, pastos y florecillas dispuestos de tal manera que conforman una composición muchas veces propicia para una fotografía que no tomaremos.

También están los pueblitos con sus calles y su gente. Las iglesias que se destacan personalizan de manera irrepetible el carácter general del lugar. Su arquitectura es ellos mismos. Los vemos rápidamente a la velocidad de nuestro viaje, los desciframos sin fortuna, para hacernos a la idea de que los conocimos brevemente.

Nos gusta el camino y le intuimos la responsabilidad de nuestro asombro. De modo que, al desear hacer infinita la maravilla del recorrido, vemos otros senderos, calles y brechas que no recorreremos y cuyo destino desconoceremos para siempre. Entonces la multiplicación de nuestras posibilidades se convierte en infinita a sabiendas que otro más tendrá la fortuna de recorrer aquellas vías y satisfacer así la maravilla multiplicada.

Deseos

En casa, durante mi infancia, mi padre nutrió mi espíritu con música e imágenes. Me contaba que durante el embarazo de mi madre, él compró varios discos LP para hacerlos míos (los rotuló con no sé qué sistema eficaz). Guillermo Ochoa Rodríguez, decían en la portada. Recuerdos sólo dos discos de esos: La Quinta sinfonía de Beethoven y Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Fue tan acertado su regalo que siempre me encantó la música toda.

También en casa había libros, enciclopedias con imágenes de los grandes pintores. Se hablaba de vez en cuando, entre amigos de mis padres, sobre estos pintores, vida y obra. Mi admiración a su obra también era sincera.

Yo desee, en mi primera infancia, ser músico y pintor. Mis padres también así lo desearon y me enviaron a clases con el maestro Telésforo Martínez, padre y abuelo de excelentes músicos locales. Yo deseaba tocar algún instrumento, lo malo fue que las clases básicas tenían en consideración el aprendizaje del solfeo, básico para cualquier músico, pero aburrido para mí. Fracasé. Pero mis intentos volvieron tiempo después y acudí a las clases de órgano con la maestra Mireya Cabeza de Vaca. Mal oído, mala destreza digital, me hicieron abandonar para siempre mis deseos de aprendizaje formal de la música. Sin embargo, la guitarra me traería mejores satisfacciones. El maestro Rafael Benítez en el bachillerato me aceptaría en la rondalla del Tecnológico cuando yo cursaba el bachillerato. Tuvimos múltiples presentaciones y eso fue satifactorio para mí.

En las artes plásticas mis intentos llegaron a copiar caricaturas que me gustaban y, después, aventurarme a mis propias creaciones. Dibujaba mucho, mi madre me alentaba. Vecinos me enseñaron algunas técnicas fundamentales del dibujo. En la secundaria conocí los dibujos de mi amigo y compañero Pedro Mendiola, me sentí apabullado con su capacidad en el dibujo. Avergonzado ya no quise seguir desarrollándome. Creo que ahí comencé a abandonarlo todo.

Música y dibujo, mis anhelos primeros. Teminaría decantándome por las letras en las que aspiro, de alguna manera, a la musicalidad y la formación de imágenes. Ahí sí tengo satisfacciones totales.

Sobre las versiones bíblicas

Sí sí, ya sé que será muy ambicioso de mi parte ese título, y que jamás lograré tal hazaña, pero aquí simplemente doy introducción a un estudio que haré más adelante sobre diversas versiones bíblicas que poseo en mi casa. Esta grabación es, pues, simplemente una introducción.

Sobre la palabra de Dios, en tanto escritor