Charly Larroa

Foto propia

Las nuevas formas de relacionarnos entre nosotros (humanos, estudiantes, artistas) que nos trajo ya desde hace varias décadas la tecnología (cuando aún estábamos lejos de sospechar siquiera esta pandemia) hizo que conformáramos grupos de interés común en un montón de ramas. La que nos atañe ahora es la rama de la creación y la hojita de la escritura.

Charly estaba en uno de esos grupos y se dio a conocer de manera inmediata dada la humanidad que le aflora sobre la piel sin pensarlo siquiera. Charly es una de las personas más humanas que conozco, tal ha sido su gusto por los seres humanos que sus escritos tocan una y otra vez el tema (incluido el del amor que siente por su esposa). Charly también necesita estar cercano a la gente y lo logra mediante la pintura digital que le han encargado una y otra vez muchos amigos suyos.

Este Larroa (digo recordando que también sus hermanos son escritores) tuvo la feliz suerte de ser otro de esos seres que fueron salvados por la literatura cuando la violencia en casa se apoderaba de su infancia. ¿Imaginan la fuerza tal que un espíritu así debe tener para no sucumbir y ser un replicante de la violencia en el hogar? Para fortuna de muchos de nosotros, Charly optó bien y ahora nos deleita con sus poemas, sus palabras y sus imágenes.

Me dio mucho gusto charlar con el buen Charly y el haber despertado en él una emoción genuina ante la oportunidad de compartir su palabra.

Construyendo a voluntad

Comprender que el poema es una construcción debería hacernos entender lo siguiente:

  1. Que nosotros somos sus arquitectos, por lo tanto menejaremos a nuestro antojo y arbitrio (incluyendo nuesta inteligencia, deseos, capacidades, reacciones y hasta limitaciones, etc.) palabras o frases; sabiendo que el objetivo debe ser establecido de alguna u otra manera. Con esto último quiero decir tener en claro tanto una meta preestablecida o, cuando menos, las “sospechas” de hacia dónde queremos llevar nuestras imágenes. Pero, eso sí, tener plena consciencia del importantísimo acto de escribir.
  2. Que las partes elementales del poema, las palabras, son bloques que pueden ser elegidos/sustituidos para alguna u otra finalidad. Tal vez esto sea el centro y la generación de nuestro estilo. La elección denotará a nuestro ser mismo. Aquí no puede uno mentir, incluso cuando no acertamos o nos mostramos abiertamente impostores dejamos ver aquello que somos.
  3. Continuando con esta idea de los bloques-palabra, esto es tan central que, como ya dijimos, determina nuestro estilo y hasta la escuela a la que pertenecemos. A muy grosso modo los escritores puros (aquellos que no recurren a elementos poéticos, etc.) usan, toman las palabras y las van juntando/pegando como un albañil va construyendo sus bardas y al final termina una casa completa, la novela, el cuento. Son constructores a quienes más les importa la obra terminada que cualquier otra cosa. Arquitectos desde arriba.
  4. Por otro lado están los escritores-poetas (y los poetas en sí). Estos conocen el valor y la calidad del barro con el que están hechos aquellos ladrillos que emplearán para sus edificaciones ritmicas. Construyen más desde el sabor mismo que cada palabra tiene en su obra, por así decirlo. Arquitectos desde adentro.
  5. Todo este periplo que he dado ha sido simplemente para llegar, yo mismo, a la insistencia en que nosotros, los poetas, los escritores (sobre todo los jóvenes o quienes no han superado la fase de principiantes) debemos ser conscientes de nuestro trabajo; esas palabras deben salir de nuestra reflexión y no de un mero reflejo que se desencadena indetenible. Somos creadores y nuestra creación es resultado de nuestras elecciones. Quiero hacer esto y necesito tales palabras, estas formas e, incluso, inventar recursos que satisfagan lo que yo quiero hacer/decir. Con ello quiero también mencionar que no debo tener miedo de los recursos que tal vez sean invención mía. La forma, como ya lo dije, también puede ser un producto de mis necesidades. ¿Experimientación? Obvio que sí, pero si deseamos quedarnos en lo conservador también está bien, mientras sea una decisión consciente. Basta ya de esperar a que las imágenes, situaciones, historias nos lleguen y se hagan presentes sólo porque ellas quieren. ¡Ahora es tiempo de la voluntad!

No ser Goethe

Alfonso Reyes decía de los escritos de Goethe que no tenía ni una sola línea de desperdicio a lo largo de toda su obra (la literaria y la científica). A veces, cuando nos atrevemos a leer otras obras que no son las grandiosas de nuestros autores favoritos (Borges, para mi caso) encontramos con tristeza líneas o textos completos que bien serán olvidados.

Entonces nos atrevemos a seguir escribiendo ya quitados de la pena, sabiendo que la mayoría de lo que hagamos será prescindible y rápidamente olvidado.

Creación

I. Retuerzo las realidades para embotellarlas en esta caja de palabras. Puedo decir “el sol lanza petardos que estallan cuando tocan nuestra vista” y con ello estaré reconstruyendo el cotidiano suceso del día. Esa es mi aventura de la poesía, hacerles ver en nueva forma aquello que en realidad sucede fuera de toda palabra.

II. Rueda la moneda sin saber el destino de su meta. ¿Cuál cara será la que nos mostrará? Nadie lo sabe y ahí está la razón del azar. Así procedo, ignorando finales de poemas. Que las palabras transcurran solas, rueden y caigan a quién sabe qué distancia ni con qué intención. Al final de cuentas algo habrá sucedido.

III. No mentiré jamás, pero tampoco quiero decir que hablaré sobre la realidad. “Mis sombras ascienden”, eso es indemostrable, pero no falto a la verdad de mi creación. Crear no es mentir, es ofrecer las verdaderas posibilidades de nuevas imágenes juntas.