Felicidad

Ya he señalado en otro escrito mi gusto por la escritura a mano. Lo hago en diversas libretas que he coleccionado o perdido durante mi vida. Casi siempre iniciaba la escritura en una libreta y, hasta llenarla, la abandonaba, para continuar con una nueva. Hoy he escrito tal vez como nunca (me refiero a la cantidad), a tal grado que lo quiero seguir haciendo en la menor oportunidad posible en ¡cuatro libretas simultáneas que tengo actualmente! Ignoro la causa de tal prodigalidad en estos días, pero por lo menos todo parece apuntar a la felicidad que me da el saber que ustedes me están leyendo.

Felicidad

Ya he señalado en otro escrito mi gusto por la escritura a mano. Lo hago en diversas libretas que he coleccionado o perdido durante mi vida. Casi siempre iniciaba la escritura en una libreta y, hasta llenarla, la abandonaba, para continuar con una nueva. Hoy he escrito tal vez como nunca (me refiero a la cantidad), a tal grado que lo quiero seguir haciendo en la menor oportunidad posible en ¡cuatro libretas simultáneas que tengo actualmente! Ignoro la causa de tal prodigalidad en estos días, pero por lo menos todo parece apuntar a la felicidad que me da el saber que ustedes me están leyendo.

Felicidad de la música

Otra canción llega a tus oídos. Otra canción que evoca a tu mujer irremediablemente. Haz perdido la cuenta de cuántas canciones has dicho que son «la canción de nosotros». La gama es enorme, tienen rock en español, a Annie Lennox, música brasileña (que llegaron a bailar), los paisajes lacustres y matemáticos de Bach. Recuerdas también aquella noche que pasaron juntos (la primera) con el arrullo imposible de Janis Joplin. Está vivo su recuerdo (si no el de ella, sí el de su amor mutuo) hasta en algunos sones de Mono Blanco. Por todos lados hay música y por todos lados surge la felicidad del tiempo compartido. Eso te lleva a asegurar algo, algo… pero no te atreves a decir qué.

Los ramos 2

La Semana Santa también es esperada con ansiedad por los niños del Sur de Jalisco, pero no por cuestiones religiosas ni de esparcimiento vacacional. Esta semana comienza con el Sábado de Gloria, la entrada de Jesucristo a Jerusalén, cuando las humildes palmas sirven para dar la bienvenida y el triunfo del Redentor entre Su pueblo. Palmas que se agrupan en ramos, ramos de palmas que anuncian la Gloria del Hijo del hombre.

En muchas ciudades del país el catolicismo se muestra en hermosos tejidos que con verdes palmas realizan nuestros artesanos para que sean bendecidas y protejan contra los demonios.

Pero, además, en el Sur de Jalisco estos ramos generan una vieja tradición muy particular que se celebra sólo en estas fechas y en estas tierras: los «ramos», puestos artesanales con las más variadas creaciones en muy diversos materiales: barro, madera, papel y, más recientemente, plásticos que dejan de ser artesanías, pero siguen siendo juguetes. Los niños recorren las pequeñas y angostas calles con sus toldos cayendo pesados sobre las cabezas de los compradores, con la intención de hacerse de un juguete más para su diversión.

Por lo general estas artesanías vienen del estado de Michoacán, verdadero maestro popular en estas llamadas artes menores. Su llegada genera una contenida felicidad, contradicción de sentimientos puesto que se rememora la muerte de Cristo y, por otro lado, los nuevos juguetes llaman a la alegría.

Particularmente en Ciudad Guzmán este montaje colorido se efectúa anexo al tianguis semanal, al Sur Oeste de la ciudad, pero anteriormente (¿15, 20 años ya?) se realizaba en pleno centro y a lo largo de una sola calle, justo frente a la antigua casa de Juan José Arreola, desde Lázaro Cárdenas hasta Gordoa, cruzando la calle de Humbolt.

Zapotiltic, Tamazula, Tuxpan, Huescalapa, cada uno de estos pueblos (y muchos otros más que no nombré) llevan también a cabo el montaje de dichos tianguis artesanales conocidos simplemente con el nombre de «los ramos». Es tradición, también, comprar un jarrito, un carrito de madera, cazuelas o macetas, para regalar a los seres queridos. Al entregárselos se les notifica: «aquí te traigo tu ramos», generalizando con el sustantivo el objeto entregado e indicando que fue comprado ahí y no en otro lado, aunque se trate de algo que bien se vendía en otra parte y tenga las mismas propiedades.

Este fluir económico (el abuelo le regala al nieto; el yerno, a la suegra; los hijos, a la madre) aunque con bajas aportaciones monetarias en general, es apreciado como un descanso en los aconteceres cotidianos, un verdadero suceso sin el cual no puede concebirse la Semana Santa en nuestro Sur de Jalisco.

Felicidad de la música

Otra canción llega a tus oídos. Otra canción que la evoca irremediablemente. Haz perdido la cuenta de cuántas canciones has dicho que son «la canción de nosotros». La gama es enorme, tienen rock en español, a Annie Lennox, música brasileña (que llegaron a bailar), los paisajes lacustres y matemáticos de Bach. Recuerdas también aquella noche que pasaron juntos (la primera) con el arrullo imposible de Janis Joplin. Está vivo su recuerdo (no de ella, de su amor mutuo) hasta en algunos sones de Mono Blanco. Por todos lados hay música y por todos lados surge la felicidad del tiempo compartido. Eso te lleva a asegurar algo, algo… pero no te atreves a decir qué.