Charly Larroa

Foto propia

Las nuevas formas de relacionarnos entre nosotros (humanos, estudiantes, artistas) que nos trajo ya desde hace varias décadas la tecnología (cuando aún estábamos lejos de sospechar siquiera esta pandemia) hizo que conformáramos grupos de interés común en un montón de ramas. La que nos atañe ahora es la rama de la creación y la hojita de la escritura.

Charly estaba en uno de esos grupos y se dio a conocer de manera inmediata dada la humanidad que le aflora sobre la piel sin pensarlo siquiera. Charly es una de las personas más humanas que conozco, tal ha sido su gusto por los seres humanos que sus escritos tocan una y otra vez el tema (incluido el del amor que siente por su esposa). Charly también necesita estar cercano a la gente y lo logra mediante la pintura digital que le han encargado una y otra vez muchos amigos suyos.

Este Larroa (digo recordando que también sus hermanos son escritores) tuvo la feliz suerte de ser otro de esos seres que fueron salvados por la literatura cuando la violencia en casa se apoderaba de su infancia. ¿Imaginan la fuerza tal que un espíritu así debe tener para no sucumbir y ser un replicante de la violencia en el hogar? Para fortuna de muchos de nosotros, Charly optó bien y ahora nos deleita con sus poemas, sus palabras y sus imágenes.

Me dio mucho gusto charlar con el buen Charly y el haber despertado en él una emoción genuina ante la oportunidad de compartir su palabra.

Madre

Mi madre está muriendo. Y yo acá, lejos, ando en mi bicicleta. Hoy ha llovido, y está fresco el recorrido nocturno que me toca hacer a diario. Voy pedaleando y escuchando música, acabo de escribir algunas palabras en mi libreta. Recuerdo a mi madre postrada en la cama del hospital. No estoy triste, el viento golpea mi rostro y hasta sonrío. Me siento pretenenciente a algo. Soy escritor y mi madre me ha leído, me pregunta, me ha preguntado que si sigo escribiendo, que qué quise decir con esos versos de mi libro. Que acaba de leer otro libro. A mi madre le gusta la palabra escrita y le mortifica la extensión del universo. Charla con mis hijos, les pregunta sobre los espacios y los planetas a propósito, necesita maravillarse con la creación de Dios, sus nietos son el conducto de la maravilla. Ciertamente mi madre es una mujer extraordinaria.

Mi madre está muriendo. Ella sabe que yo escribo, puede entonces entregarse a su Dios creador porque en mis letras la estaré recordando mientras ella va conociendo, ligera e infinita, las maravillas de lo extenso.