1 a. m.

Hemos salido de
la mala hora.
Vemos con esperanza
las mismas cosas
inalterables en la noche.
Nuestro calzado no se
ha movido,
y los libros siguen
acumulando polvo.
Esta quietud tiene algo
de la seguridad que
buscamos, pero de
repente nuestros pies
se encuentran danzando
una canción desconocida
y comprendemos,
entonces,
que ha llegado el
tiempo de la acción.

Palabras vivas

A lo largo de las lecturas y conversaciones (y talleres literarios) me he llegado a dar cuenta de que estoy frente a un escritor importante (que no necesariamente famoso o ni siquiera leído) cuando detecto que elige un sinónimo por otro cuando busca la precisión de su pensamiento y la activación justa en la mente de su lector.

Los sinónimos, pues, no existen. Cada palabra es única e insustituible. La elección de una de ellas depende del gusto del escritor, y su escritura va generando su estilo propio.

Tampoco el valor semántico asignado por el diccionario y la Academia es usado en su totalidad. Existen valores de uso social y particular muy sutiles nunca bien comprendidos del todo, pero sí «sentidos» a un nivel más orgánico y menos acartonado.

El valor sonoro también es tomado en cuenta al momento de la elección. La longitud silábica y el tono de la acentuación también son importantes. Todo ello en busca de emular el lenguaje hablado o hasta el mismísimo canto. La vida, pues, entrando en nuestros escritos en grado tal que ahora depende del lector encontrar esas sutilezas para lograr un verdadero diálogo con el autor.