Tiempos

Existen tres tiempos (voy a escribir sin pensar en lo que escribo) en los que transcurre nuestra vida diurna: el tiempo en el que somos nosotros mismos, complaciéndonos, es decir haciendo lo que nos gusta hacer y de lo que somos capaces y nos satisface.

Otro tiempo en el que nuestras facultades verdaderas se hacen a un lado para… ¿para qué? Dije que no iba a pensar y no completaré esa frase. Sólo quiero destacar ese malestar de este tiempo en el que pareciera que hay alguien buscando satisfacción de nuestra presencia. Satisfacción en los sectores más amplios y disímiles posibles.

Y el otro tiempo es el de la indiferencia, cuando no somos nosotros ni hay satisfacción para nadie. Ese tiempo inútil lo dejo al final porque no hay de dónde agarrarlo y no podemos hacer nada con él. Tal vez su manifestación más evidente sea la forma del aburrimiento.

Deseos cumplidos

En casa, durante mi infancia, mi padre nutrió mi espíritu con música e imágenes. Me contaba que durante el embarazo de mi madre, él compró varios discos LP para hacerlos míos (los rotuló con no sé qué sistema eficaz). Guillermo Ochoa Rodríguez, decían en la portada. Recuerdos sólo dos discos de esos: La Quinta sinfonía de Beethoven y Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Fue tan acertado su regalo que siempre me encantó la música toda.

También en casa había libros, enciclopedias con imágenes de los grandes pintores. Se hablaba de vez en cuando, entre amigos de mis padres, sobre estos pintores, vida y obra. Mi admiración a su obra también era sincera.

Yo desee, en mi primera infancia, ser músico y pintor. Mis padres también así lo desearon y me enviaron a clases con el maestro Telésforo Martínez, padre y abuelo de excelentes músicos locales. Yo deseaba tocar algún instrumento, lo malo fue que las clases básicas tenían en consideración el aprendizaje del solfeo, básico para cualquier músico, pero aburrido para mí. Fracasé. Pero mis intentos volvieron tiempo después y acudí a las clases de órgano con la maestra Mireya Cabeza de Vaca. Mal oído, mala destreza digital, me hicieron abandonar para siempre mis deseos de aprendizaje formal de la música. Sin embargo, la guitarra me traería mejores satisfacciones. El maestro Rafael Benítez en el bachillerato me aceptaría en la rondalla del Tecnológico cuando yo cursaba el bachillerato. Tuvimos múltiples presentaciones y eso fue satisfactorio para mí.

En las artes plásticas mis intentos llegaron a copiar caricaturas que me gustaban y, después, aventurarme a mis propias creaciones. Dibujaba mucho, mi madre me alentaba. Vecinos me enseñaron algunas técnicas fundamentales del dibujo. En la secundaria conocí los dibujos de mi amigo y compañero Pedro Mendiola, me sentí apabullado con su capacidad para el dibujo. Avergonzado ya no quise seguir desarrollándome. Creo que ahí comencé a abandonarlo todo.

Música y dibujo, mis anhelos primeros. Terminaría optando por las letras en las que aspiro, de alguna manera, a la musicalidad y la formación de imágenes. Ahí sí tengo satisfacciones totales.