Stop and play

A finales de los años 70 eran ya habituales las radio-grabadoras que utilizaban cassettes. Muchos nos dimos vuelo grabando las canciones que tocaban en la radio para tenerlas para siempre y gratis con nosotros. Pues bien, el problema de grabar en esas cintas residía en que si querías saltarte a otra canción más adelante de la que estabas escuchando tenías que adelantar el bobinado del cassette hasta llegar a donde deseabas. En muchas ocasiones te pasabas y tenías que regresarte. La cosa es que tenías que manipular los botones de adelante, atrás y play repetidamente. Nosotros, en mi familia, nos habituamos a oprimir el botón stop antes de cualquier otro para parar su ejecución. Con eso, pensábamos, tratábamos de la mejor manera a nuestro aparato reproductor para que durara mucho tiempo. De modo que me pareció todo un escándalo cuando mi amigo de primaria, el Chapu, oprimía uno u otro botón de adelante o atrás o play sin tocar para nada el de stop. Sin duda una costumbre familiar, tal vez esos fueron los primeros signos evidentes de que de una familia a otra somos diferentes.

Poesía sonora

Hay, en muchos jardines públicos de nuestro país, bocinas conectadas a aparatos de sonido que amenizan las tardes en las plazas públicas de nuestras ciudades. En Zapotlán estos equipos de sonido llevan décadas existiendo en el Jardín Municipal. Ya mis primos mayores me contaban de estas músicas que escuchaban repetidas veces para ir a recibir la noche en compañía de padres, hermanos, amigos o novias. En cierta ocasión en que la «administración» de tales sonidos estaba a cargo de la hija de Tijelino (¿Silvia?) se me ocurrió la idea de pedirle una chanza para tocar los cassettes (gusto heredado por mi padre) con música ambiental y la lectura de poemas de grandes escritores universales. El tipo de música y la lectura de poesía me había sido inspirada por un programa de radio que transmitía (¿diariamente?) Radio Educación, de nombre «Meridiano 25». El libro al que más recurrí en la lectura de poemas fue El surco y la brasa, una antología de traductores mexicanos sobre escritores en diversas lenguas de todo el mundo y de todas las épocas. La compilación, la hizo Marco Antonio Montes de Oca. Recuerdo haber leído poemas de Shakespeare, traducciones de Reyes, Paz, Arreola y otros más. Realmente un tiempo de mucha satisfacción en la que aporté sonoramente a la cultura de mi pueblo.