Poesía sonora

Hay, en muchos jardines públicos de nuestro país, bocinas conectadas a aparatos de sonido que amenizan las tardes en las plazas públicas de nuestras ciudades. En Zapotlán estos equipos de sonido llevan décadas existiendo en el Jardín Municipal. Ya mis primos mayores me contaban de estas músicas que escuchaban repetidas veces para ir a recibir la noche en compañía de padres, hermanos, amigos o novias. En cierta ocasión en que la «administración» de tales sonidos estaba a cargo de la hija de Tijelino (¿Silvia?) se me ocurrió la idea de pedirle una chanza para tocar los cassettes (gusto heredado por mi padre) con música ambiental y la lectura de poemas de grandes escritores universales. El tipo de música y la lectura de poesía me había sido inspirada por un programa de radio que transmitía (¿diariamente?) Radio Educación, de nombre «Meridiano 25». El libro al que más recurrí en la lectura de poemas fue El surco y la brasa, una antología de traductores mexicanos sobre escritores en diversas lenguas de todo el mundo y de todas las épocas. La compilación, la hizo Marco Antonio Montes de Oca. Recuerdo haber leído poemas de Shakespeare, traducciones de Reyes, Paz, Arreola y otros más. Realmente un tiempo de mucha satisfacción en la que aporté sonoramente a la cultura de mi pueblo.

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