Alberto Neri

Charla realizada el pasado 24 de octubre de 2020.

Nos habla del cierre de instituciones culturales tan importantes para el estado de Jalisco, lamentable lo que el gobierno actual está haciendo a uno de los aspectos en los que más se destaca nuestro territorio a nivel mundial.

El problama del Covid en las actividades educativas. La intrusión de las grandes televisoras en este terreno y cómo la difusión de libros se ha visto afectada.

Continúa hablándonos de la baja de venta de libros en las librerías locales de autores nacionales y cómo es que la gente prefiere leer a los extranjeros.

Hace un recuerdo de todos aquellos amigos que le dieron forma y gusto por lo literario. Sus primeras publicaciones y la relación que tivieron con la depresión y la soledad. Luego cambia su temática hacia cosas urbanas, eróticas de la actualidad con toda la violencia que la realidad maneja.

Al final muestra su descontento al proceder de algunas activistas que ven en la violencia una forma legítima de hacerse escuchar.

Su trabajo como periodista también es mencionado y nos lo cuenta con un gran aprendizaje.

Muy bueno amigo al cual le agradezco la oportunidad de haber participado aquí con nosotros.

Querido José

José Barocio es un escritor y poeta colimense-michoacano que cree es rechazado por muchos, no se da cuenta de que habemos más quienes lo queremos.

Nos narra en esta charla sus experiencias en la vida, terribles cosas que le han sucedido a su familia, violencias hacia su propia persona. Pero que, afortunadamente, ha podido superar gracias a la literatura.

Cronista del infortunio homosexual, creador de bellos haikús de los que gusta escribir con puntualidad y respeto por la palabra. Él mismo se considera directo y sarcástico. Su literatura erótica en no pocas ocasiones ha causado incomodidad a muchos que la leen, pero él sigue escribiendo, sabiendo que se es como se es y no se puede mentir.

José tiene amigos, algunos ya han muerto y tiene la valentía de ser su voz de alguna manera, para continuar con la obra de aquellos que marcaron su destino.

Soy

A la memoria de mi madre

Soy yo
y mis visiones
geométricas.
Mido las distancias
radiales de mi vista,
siempre me
convierto
en esta esfera
angulosa
que percibo.
Compito con
la luz,
y siempre
triunfo contra
su doble,
la sombra.
Me torno
en el eco
del silencio,
lo sé porque
me escucho
perfecto
en este frontón
de los
sonidos.
Soy la cápsula
y mi centro,
viajo clavado
en esta porción
de tierra
donde sé
que ahora
ocupo el
espacio de las
estrellas.

Esto sucede
siempre
que me decido
a ser
una parte de
la noche
que me cubre
sin esperanza.

Poesía sonora

Hay, en muchos jardines públicos de nuestro país, bocinas conectadas a aparatos de sonido que amenizan las tardes en las plazas públicas de nuestras ciudades. En Zapotlán estos equipos de sonido llevan décadas existiendo en el Jardín Municipal. Ya mis primos mayores me contaban de estas músicas que escuchaban repetidas veces para ir a recibir la noche en compañía de padres, hermanos, amigos o novias. En cierta ocasión en que la “administración” de tales sonidos estaba a cargo de la hija de Tijelino (¿Silvia?) se me ocurrió la idea de pedirle una chanza para tocar los cassettes (gusto heredado por mi padre) con música ambiental y la lectura de poemas de grandes escritores universales. El tipo de música y la lectura de poesía me había sido inspirada por un programa de radio que transmitía (¿diariamente?) Radio Educación, de nombre “Meridiano 25”. El libro al que más recurrí en la lectura de poemas fue El surco y la brasa, una antología de traductores mexicanos sobre escritores en diversas lenguas de todo el mundo y de todas las épocas. La compilación, la hizo Marco Antonio Montes de Oca. Recuerdo haber leído poemas de Shakespeare, traducciones de Reyes, Paz, Arreola y otros más. Realmente un tiempo de mucha satisfacción en la que aporté sonoramente a la cultura de mi pueblo.

Morena la piel

Inalcanzable. La oleada de deseo parte de mi sangre, la veo y hay en mi mirada un anhelo que se extiende como los dedos separados de una mano abierta. Quiero rodearla con mis brazos, dejarla sentir el calor de mi pecho. Atraerla hacia mí como el agua que se cierra tras los cuerpos sumergidos. Quiero que me mire y que se pierda en esa mirada; que se concentre en las sensaciones que su piel siente. Los cuerpos entonces exigirían naturalmente la desnudez. Los besos se sentirían por todas partes, las caricias se multiplicarían como la lluvia cayendo. No importa el amor en este deseo, quiero atraparla y desaparecerme con ella al instante y así concretar la razón de mi venganza.

Escrito a la luz de la luna

A la hora vespertina el sol mueve sus últimos engranajes, abre imperceptiblemente el azul domo del cielo. Cuando el artificio desaparece el espacio se muestra en su totalidad más cierta. Entonces sentimos que nuestra vista es una larga mano con la que tocamos las estrellas. Acariciamos la noche como un arroyo de luz en nuestras manos. La infinitud responde con su gemela y es en el espejo de esta eternidad que nuestro presente diluye los límites que le han impuesto.