Sin embargo

Hay un tiempo que condensa nuestra historia con el presente. Pero hay también un catalizador que los unifica y comienza a perdurarlos, hablo del precioso rostro de una mujer que te contempla. Charlas con ella y el consumo del tiempo jamás había sido mejor aprovechado. Quieres inútilmente hacerle saber de todas tus satisfacciones de la infancia, de tus inquietudes de la adolescencia, de tus aciertos en la juventud; quieres hacerle saber todo ello, el tiempo en que ella no estuvo, pero sabes que se te agolparán las palabras y entonces le dejas saber la felicidad del que eres a través de la mirada.

Ahí la lógica es rota y sabes sin explicación alguna que ella comprende a tal punto tu silencio que permite entonces la unión sensual de los presentes. Besarse es un intercambio y una comprensión mutua de sus historias desconocidas. A través de su beso comprendes su dádiva y su herencia. Vislumbran mutuamente la construcción del Presente Eterno que no consume el vulgar tiempo corriente. El alcance de tal instante eterno reduce el espacio que les rodea tanto que sienten que el lado nocturno del planeta les pertenece.

El vértigo entre un tiempo eterno y un espacio reducido, les hace confundir sueño con realidad y la única certeza es que la separación que les sigue será siempre una ilusión con la que el destino se interpone inútilmente.

Pulpo lacerante

¡Zas! Alguien llega, vertical pulpo tocando uno a uno los puntos del aire. Las estelas son notoriamente invisibles; balazos de nada, congelados. Entre esos huecos estiramos el silencio. La noche ha derramado este frío que llega horizontal como la sombra. A nosotros, invadidos, no nos queda más que ser su materia lacerada.

Penumbra

¿Cuál es el minuto exacto en que el sol se apodera de su día? Un poco antes son todavía las sombras revueltas con una luminosidad que tampoco se decide. Le llaman penumbra, el temporal reino de la confusión. El espacio es entonces un vapor que etiqueta cada molécula del aire. Aquella sombra no desciende de este árbol, es ella quien crece de la tierra como una llama oscurecida; es un pulpo que sube sus tentáculos danzando hasta aferrarse escondiéndose en los cuerpos. Hay que saber ver y escuchar cuando el segundero del planeta se quiebra. Las sombras verdaderas se repliegan huidizas dejando como estela las otras sombras que permanecen el resto de las horas. El tiempo vulgar deja sus marcas con las que borra poco a poco el eslabón roto del, ahora ya, eco de la penumbra.

Paisajes

¿Tiene paisajes lo invisible? Comencemos por no verlo. Cierro los ojos. Hay una radiografía velada, rayones blancos delimitan esta foto de la nada. Tal vez un tinte rojizo o amarillo otorgue fluidez a esta huidiza imagen. Flashazos que implotan se burlan de mi atención cuando creo tenerlos atrapados. ¿Es llanura esta planicie o la toma aérea de unas montañas confundidas con sus propios barrancos? No puedo determinar direccionalidad y estos fotones comienzan a confundirse con mi cerebro. Ya no sé lo que estoy viendo tras mis párpados. Ya no sé si esta placa proviene de mis ojos o son mis anhelos borboteando en búsqueda de una figura propia. Asustado prefiero huir y buscar la seguridad en lo que no soy: el reino de la luz que se despliega afuera.