Paisaje

¿Tiene paisajes lo invisible? Comencemos por no verlo. Cierro los ojos. Hay una radiografía velada, rayones blancos delimitan esta foto de la nada. Tal vez un tinte rojizo o amarillo otorgue fluidez a esta huidiza imagen. Flashazos que implotan se burlan de mi atención cuando creo tenerlos atrapados. ¿Es llanura esta planicie o la toma aérea de unas montañas confundidas con sus propios barrancos? No puedo determinar direccionalidad y estos fotones comienzan a confundirse con mi cerebro. Ya no sé lo que estoy viendo tras mis párpados. Ya no sé si esta placa proviene de mis ojos o son mis anhelos borboteando en búsqueda de una figura propia. Asustado prefiero huir y buscar la seguridad en lo que no soy: el reino de la luz que se despliega afuera.

1 de octubre

Llueve.
Ya casi es de noche.
Hoy otra vez
es mi cumpleaños.

Es casi igual que siempre,
pero no,

hoy estoy más
solo,
encerrado
en un reloj
de arena.

Me voy convirtiendo
en el grano
que se va quedando
solo
para cruzar
la cintura mediana
de este cristal
que me oprime.

Pronto caeré,
me sentiré
volar por unos instantes
y estaré de nuevo
junto a mis amigos
que abandoné
durante años.

Volveré
a estar acompañado
¿o es que este túnel
se seguirá estrechando
hasta cerrar el
paso a mis deseos?

1 a.m.

Hemos salido de
la mala hora.
Vemos con esperanza
las mismas cosas
inalterables en la noche.
Nuestro calzado no se
ha movido,
y los libros siguen
acumulando polvo.
Esta quietud tiene algo
de la seguridad que
buscamos, pero de
repente nuestros pies
se encuentran danzando
una canción desconocida
y comprendemos,
entonces,
que ha llegado el
tiempo de la acción.