Espacio tiempo

¿Pudo haber existido este espacio sin mí? Claro, hubo un tiempo en que me impresionó, apretó contra mí sus longitudes: el peso de la atmósfera cobró forma en aquellas nubes de lluvia que pendían del cielo; los caminos huían de mi radial mirada hacia los puntos cardinales; la tierra permanecía aparentemente inmóvil, pero con sus profundidades oscuras llenas de significado.

Me ha oprimido tanto que ahora soy su reflejo, cuando escribo nube digo lentitud, miedo y esperanza. De mi palabra surge el rayo y sus recorridos e iluminaciones. Digo nube y es la lluvia con sus frutos temporales.

Hablo del espacio y su lejanía cuando digo calle. Es la comunicación de los recorridos, es el tiempo de los encuentros amorosos o amorales. Digo sendero y es el conocimiento de nuestros paisajes, hay ahí árboles estériles o frutales que se alzan como testigos del tiempo.

Digo tierra, pero en realidad estoy diciendo trabajo, frutos cultivados, vida que no ha sido desperdiciada. Digo tierra y es viajar en el tiempo, no hay sorpresa entonces en ver vivos a aquellos muertos, saludarlos y preguntarles por la orientación de mis destinos.

Digo espacio, digo cielo, digo tierra y con ello estoy reescribiendo el tiempo.

Filosofía popular

  1. Los artistas en general han volcado su mirada hacia lo popular o lo cotidiano desde hace ya siglos. Mencionemos a Mozart que en sus óperas dejó de lado los grandes temas olímpicos (Zeus, Marte, etc.) para hablar de lo cotidiano, celos, amoríos, etc. que se vivían en la sociedad de su época. Dentro de la pintura, iba a mencionar a los artistas de principios del Siglo XX, pero recordé que sobre lo cotidiano ya los españoles (Murillo, Velázquez, etc.) habían tocado lo cotidiano también en sus obras. No es punto aquí indagar quién fue el primero entre ellos. La cosa es que sucedió y ahora todos lo sabemos.
  2. En terrenos de la filosofía (que no es terreno artístico, para nada) se han tocado los grandes temas (la existencia, la muerte, el amor, etc.) durante siglos. No estoy seguro de lo que aquí voy a afirmar, pero creo que esta disciplina del pensamiento no ha hecho lo propio en volcar sus formas hacia lo cotidiano. Claro que se me dirá que la filosofía toca todo aquello que sea significativo para el ser humano y que, por lo tanto, lo cotidiano no le es tema ajeno. Pero no me refiero a lo cotidiano como tema, sino al ejercicio mismo del pensamiento en lo cotidiano. Es decir, los filosófos no nos han enseñado a pensar a aquellos que no somos filósofos. Su divulgación debería lograr una pedagogía para el cotidiano. Que el público vulgar se enseñara a pensar, a formular sus propias preguntas e inquietudes, no sobre los grandes temas filosóficos sino sobre los problemas en los que a diario estamos sumergidos. Un enseñarnos a pensar por nosotros mismos para dar solución a lo que nos aqueja de manera inmediata y no en lo trasendental a lo que nos han acostumbrado.
  3. Creo que ya no queremos más sabiduría, ahora simplemente debemos formarnos nuestras respuestas y ya. (¿Habrá un público para esto?)

En las oficinas

Creo que la desconcentración (más que la distracción) es muy común en las oficinas de gobierno. Digo esto por dos razones, dos eventos que he presenciado. El primero sucedió hoy mismo. Estamos sentados en espera un grupo de personas afuera de una oficina. Sale un señor a toda prisa, otro, en la espera, lo reconoce y le dice:

—¿Ya’stuvo?

—No, voy aquí a… responde el otro, sin acertar a la palabra precisa y se aleja con su mutismo.

Segundo caso, yo mismo. Estoy en estas mismas oficinas. La secretaria me hace una pregunta muy particular, muy mía, la respuesta debí saberla por experiencia. No sé qué responder.

No sé si con todo esto ya esté, en realidad, justificando mi ignorancia. O ¿es que realmente no tenemos la concentración suficiente? ¿Nos sentimos «apabullados» por la enorme institución? ¿Nos sabemos fuera de nuestras rutinas diarias? ¿Tememos que aflore nuestra ignorancia? (cosa que al final resulta exhibida). Como sea, al final la pregunta debería ser: ¿Qué hacer para evitar estos penosos sucesos?

Química y voluntad

Voy a contar la cosa rápidamente para luego lanzar unas preguntas con las que quiero que ustedes, especialistas o no, me ayuden para comprender mejor la mente y el ser humano.

Recientemente me contaron el caso de un joven medicado siquiátricamente. En su infancia no lograba centrar su atención en nada, resultado: bajas calificaciones y reprobación. Ultimátum del director, o los padres ofrecían estudios sobre su comportamiento o de plano terminaría sin aprobar grado. La madre accede, estudios. Resultado: medicación y aumento de la atención, mejor estudiante. Pasa el tiempo, el chico cumple 18 años, muestra su hartazgo hacia la medicación y, como ya es adulto, se niega a tomarla. Los padres acceden sin otra opción por delante. El joven se queja de dolores de cabeza los primeros días y otros síntomas menores. Supuestamente volverían las distracciones a apoderarse de su actitud, pero no es así. El joven es atento y continúa sin contratiempos su aprendizajes escolar.

He dicho (y lo he visto en mucha gente) que la química determina nuestro comportamiento y hasta nuestro ser mismo. En el caso de este chico no pareciera ser del todo así. ¿Es que la voluntad es ajena a los artilugios químicos? ¿Es que la voluntad puede estar por encima de toda influencia química? ¿Qué otra cosa se puso en juego en este ejemplo que no estoy viendo?

Ayúdenme con sus respuestas, amigos, a comprender mejor nuestra mente y nuestro ser mismo.