Las ventajas sobre charlar con las personas
Categoría: pensamiento
Valentía del fallo
Mi anhelo de escribir lleva implícito el deseo de perfección (entiendo ésta como la expresión correcta y precisa para que mi lector comprenda lo que quiero transmitirle y, también, que reaccione inmediatamente de manera proporcionalmente justa a lo que escribí). En no pocas ocasiones ese anhelo es tan grande que, ante la posibilidad de error o de limitación, no me atrevo a iniciar el escrito en cuestión (sobre todo me refiero a largos ensayos en los que deseo cubrir con mis baldosas la totalidad del suelo que constituiría la geografía de mi escrito).
Ahora reflexiono que debo tener la valentía de equivocarme y dejar algunos cabos sueltos, baldosas sin colocar y llegar a la meta de haber plasmado limitadamente mi idea o no tendré más que sólo humo en mi mente que no podré transmitir a las otras inteligencias.
El cuajamiento artístico
- El cuajo. Para hacer queso en los ranchos de México se utilizaba una parte de los interiores de las vacas que se vertía en la leche para iniciar el proceso de convertirla en queso. Se llama, a esta parte del animal, cuajo. Y de ahí deviene en verbo. Se dice que la leche cuajó cuando funcionó el agregado del que hablamos. O bien, falló y se dice «no cuajó», no va a haber queso. Hoy los procesos químicos han eliminado la utilización del cuajo, pero la palabra perdura en el habla popular.
- Cuando elaboramos una treta y el objetivo final se cumple decimos que la cosa cuajó. No es raro encontrar el uso de esta palabra entre talleristas de grupos de escritores. Cuando el escrito está enclenque o no encontró su forma apropiada, decimos que no cuajó. Tristeza infinita para el autor que escucha estas palabras.
- Este «cuajamiento» se puede lograr por varias vías. El cumplimiento de una forma predeterminada (lo que hacíamos en el taller del Instituto Tecnológico: décimas) asegura de alguna manera el cumplimiento de lo que hemos venido hablando. Sólo basta cumplir la métrica y la rima para que el poema cuaje. Así que pasar al verso libre era un riesgo que había que correr para ver si lográbamos esa forma cumplida (forma de lo más amorfa comparada con la cabal décima).
- Factores externos como la forma ya señalada también recurren a otras maneras de «auxilio». Tenemos pues a la arquitectura que debe cumplir toda una serie de detalles técnicos para lograr la fortuna deseada: el edificio o la planeación urbana). En la literatura también hay factores externos que los escritores de esa arquitectura literaria que llamamos novela, deben cumplir. He visto a mi amigo César Anguiano mencionar en sus cursos de novelística decir que en el capítulo tal debe suceder esto, en el otro el acontecimiento éste debe llevarse a cabo. Planeación estructural especificada a detalle.
- La valentía de los escritores de vanguardia, radica en este detalle: su cuajamiento resulta incomprensible en ocasiones para la sociedad donde estos viven, pero ellos saben que lo han logrado. Ya luego la sociedad irá leyendo y comprendiendo mejor la forma, la obra que tienen entre sus manos y degustarán un queso de nuevo sabor que satisfará a ellos y a las nuevas generaciones.
Sobre la empiria
Primera aproximación
La «empiria» es una palabra popular que quiere ser un apócope de empírico. Es empleada con regularidad para destacar la importancia de lo empírico en la adquisición del conocimiento. «Eso lo aprendió por empiria», es decir que no estudió en escuela alguna y sabe cómo hacer su trabajo de manera buena o hasta excelente.
No pocas veces he visto entre la gente ensalzar aquel que logró cierto éxito en su trabajo y es comparado con aquellos que sí estudiaron. El juicio popular es que el primero es mejor porque logró todo con su propio esfuerzo e inteligencia. «Eso no lo enseñan en la escuela», indican como apuntando con desprecio al estudioso ignorante, destacando con ello el valor de lo empírico.
Satisfacciones
No es raro encontrar pues que no importa tanto estudiar como el lograr el conocimiento y la destreza fuera de la escuela. De ahí que veamos con buenos ojos a aquellos que resuelven las cosas rápidamente, ideando soluciones con pocos elementos a la mano. Así que su ejemplo se torna en una aspiración para algunos que, aunque hayan estudiado, dan más fe a la empiria que al análisis razonado. Y de primer momento pareciera que tuvieran razón dado los resultados a los que van llegando en su vida.
Limitaciones
El «empirio» (llamémosle así) ha gozado de sus resultados y se conforma cuando llega a ellos. No emplea el razonamiento para explicarse las cosas o continuar pensando sobre los resultados de su mecánica. Resultan, pues, flojos de pensamiento y activos en sus acciones. No es raro verlos caer en errores constantes a los que su empiria los ha llevado. Así, he escuchado decirles que el sol camina más rápido cuando está cerca de los cerros, ya sea al amanecer o al atardecer. Al mediodía camina más lento, según han observado con su empiria, y ni siquiera por asomo se les ocurríría preguntar el porqué de este cambio de velocidades. Con lo que vieron les basta.
Limitaciones, 2
A este empírico popular le interesa el mundo en tanto solución. No sabe, ni le importa, la existencia del mundo en tanto mundo. Su incursión en la realidad discrimina y toma lo que le sirve. Con él sería imposible el avance del conocimiento abstracto, es decir, el nacimiento de la ciencia y la filosofía. A él le parece increíble que haya personas dedicadas a saber la composición química de una estrella a miles de años luz. ¿Cómo es posible que esos descubrimientos lleven comida a su mesa?
Las abstracciones y las personas que a ellas se dedican les parecen a los empíricos cosas incomprensibles y hasta despreciables. Estas personas, pues, no ofrecerán esfuerzos para una comprensión de las causas del mundo. De ahí que resulte difícil charlar con ellos cuando se trata de pensar en algo que va más allá de su mundo tangible. No pueden, o es muy difícil, llegar a acuerdos en algo que ellos no comprenden.
Limitaciones, 3
Existe un bagaje cultural y educativo enorme y acumulado a lo largo de los siglos. Todo ello se encuentra disponible y organizado en libros y escuelas. Es un conocimiento no adquirible mediante experiencia alguna. Hay que hacer un esfuerzo para lograr aprehenderlo. Si por pura experiencia adquiriésemos nuestro conocimiento, este universo de lo leído quedaría limitado e inalcanzable para siempre. Es fácil concluir que no todo conocimiento es adquirible por la experiencia, y aquellos que afirman que lo leído fue experimentado por otros, están extendiendo la justificación de su ignorancia y su flojera.
Limitaciones, 4
Como a lo empírico sólo le interesa lo que está al alcance de su experiencia y como ésta sólo se da necesariamente en el presente, el pasado y el futuro no le interesan. La Historia y la planeación de lo futuro pueden resultarle inaccesibles. Claro, pudiera parecer que muestran interés sobre alguno de estos momentos en tanto le vean posibilidades de entrar en el mundo de sus soluciones o aspiraciones prácticas, como ya lo habíamos dicho antes. Más allá tales experiencias, conocimientos o proyectos les resultan inservibles.
Limitaciones, 5
Carente de un espíritu crítico, los empirios creen que la naturaleza funciona de una manera mecánica más básica de lo que es en realidad. Conclusiones tales como: entre más adentro del mar (más agua debajo de nosotros), más fácil es ahogarse; los perros orinan todas las cosas; las manos sucias ensucian todo, incluso cuando no tocan nada, etc.
Conclusiones
El empirio, limitado como ya lo hemos visto, se conforma con poco y se divierte fácilmente con cosas superfluas. Es fácil de satisfacer con música simple. En su habla cotidiana también es fácil descubrirlo. Repite los mismos dichos, chistes y anécdotas una y otra vez. Calla rápidamente una vez que ha emitido su juicio (no para esperar respuesta del otro, sino porque ya no puede continuar hablando) y es incapaz de seguir la conversación de los demás cuando tratan temas que exigen información. Emite juicios tales como los siguientes: «ya terminó de llover«, cuando en realidad se sale de la lluvia en la carretera.
Ellos están seguros de que se divierten cuando, en realidad, son personas muy aburridas.
Conclusiones, 2
Mucho del conocimiento que adquirimos es, ciertamente, tomado de manera empírica. Los primeros conocimientos del ser humano se dan en la infancia y son definitivos. Cierto es, también, que hay conocimientos empíricos que difícilmente pueden darse por mera lectura o análisis y pensamiento. Lo malo está en creer que sólo esta forma de adquisición del conocimiento es la única. Se niega entonces la lectura, la discusión y el cuestionar a aquel que sabe.
Conclusiones, 3
Hay conocimiento que es, irremediablemente, transmitido de generación en generación a través de la educación (escolar o no). Piense en aquellos que niegan este valor. Asistirán a la escuela, pero el conocimiento expuesto en el salón de clases no hace mella en su persona. Repiten los patrones paternales y no hay avance en su intelecto generacional.
Conclusiones, 4
Todo esto no dejaría de ser meramente anecdótico sino fuera porque pudiera haber verdaderos problemas cuando el empirio se le otorga algún poder o un grupo de personas bajo su mando. Entonces sus errores y limitaciones pueden acarrear multitud de problemas entre quienes deben obedecerlos.
Reflexión
Es injusto de mi parte tratar como iguales a lo empírico y la popular empiria. Lo empírico tiene una importancia mayor en la historia de la humanidad y en la particular de cada uno. Aquí hubo momentos en que pareciera que los traté como iguales, pero no es así. Las limitaciones que aquí se mostraron fueron aspectos que la empiria maneja en la idiosincrasia popular. Lo empírico es mucho más grande e importante, pero lo popular ha tomado este apócope mostrando, de esa manera, los límites de sus consideraciones.
Los panes como medida
Viajamos para conocer otros lugares. Sabemos que estamos en un terruño diferente al nuestro por el clima, las montañas, la arquitectura y sus calles.
Pero yo sé, me siento verdaderamente en otro pueblo, cuando veo la forma de sus panes, pruebo el sabor de sus bolillos en sus tortas y el dulzor de su pan dulce con el chocolate en leche.
Destellos aprehendidos
Iba a titular a este texto «Las pequeñas enseñanzas», pero al recordarlas me di cuenta de que no son enseñanzas como tales, quienes las emitieron no tenían la intención de enseñarme nada. De modo que cambié el título pensado por «Los pequeños destellos», pero también reparé en que todo destello es pequeño por definición y, además, que se perdería el carácter del aprendizaje de mi parte. Así que opté simplemente por «Destellos aprehendidos», que eso fueron en realidad, pequeños momentos, actos o palabras que, para mí, aprendiz alerta, resultaron todo un aprendizaje luminoso de mi parte.
- En Zapotlán hubo una época en que los posters o carteles montados en bastidores poblaban los muros de salas o pasillos en muchas casas. Mi padre, aficionado carpintero, hizo varios lienzos y montó algunos de estos posters de moda. Uno de ellos era una foto de un bosque nublado que estaba en el comedor. Un día nos visitó mi tío Librado para degustar unas de tantas comidas que compartíamos con sus hijas. Volteando a mirar la fotografía del bosque, mi tío dijo: «esos tres árboles representan la escena de la crucifixión de Cristo; el árbol de este lado, el roto y seco, representa a Gestas, el ladrón malo». Ahí me di cuenta de que la imagen plástica puede ser interpretada.
- Mi amigo Juan José Zarco, de la secundaria, era hijo de albañiles. En una ocasión llevé a la escuela el radio de baterías Hitachi de mi padre. Quería sintonizar el Canal 58 de Guadalajara, muy lejano en kilómetros. Apenas sí escuchaba algo. Zarco tomó mi radio, saca la antena y la acercó a un castillo (armazón de fierro y varillas ocultas en las bardas de las construcciones en México) y, maravillosamente, escuché con mayor potencia la estación deseada. Ahí aprendí las conexiones que solucionan algo entre artilugios que aparentemente no tienen relación alguna.
- De nuevo mi tío Librado. Ahora estamos en su casa (¿motivo? otra vez el compartir la comida). Mi tío tiene una mesa de carpintero. Está serruchando un pedazo de madera. El corte se pasa de la línea límite. Dice mi tío, dándose cuenta de manera tardía: «me fasciné por el serrucho». Ahí me di cuenta, con la palabra fascinar, la absorción de la atención que algunas acciones producen en nosotros. Fue mi introducción a la psicología.
- Maestro Felipe Cerdeña en la secundaria. Ciencias naturales, era la materia. Nos dice: «el metal conduce el calor, mientras que la madera, no». Yo trato de corregirle y le digo que, por el contrario, el fuero se dispersa en la madera. Él me puntualiza que se refiere al calor, no al fuego. Yo guardo silencio y analizo la primera frase escuchada. Ahí aprendo a escuchar mejor lo que se me dice, palabra a palabra.
- Arturo es un fontanero amigo de la familia. Su papá tenía un rancho y plantío de maíz en las altas faldas del Volcán de Nieve. Fuimos varias veces con ellos de día de campo. Subíamos en la camioneta de trabajo de Arturo. En una ocasión las mangueras de la camioneta no soportaron cierta presión y explotaron. No podíamos avanzar más. Arturo abrió el cofre y revisó. Sacó sus herramientas y algunos tubos de PVC que tenía para su trabajo habitual. Midió, cortó y soldó las partes faltantes y así la camioneta volvió a funcionar. Ahí aprendí que el ingenio solucionador debe echar mano a los recursos con los que se cuenten aunque a veces no correspondan del todo con la calidad de lo que se necesita.
- Mi padre, como ya lo dije, fue un carpintero aficionado. Tenia en casa herramientas básicas. Serrucho, martillo, regla escuadra y un perro para atorar las fajillas y hacer más fácil su corte (ese artilugio me gustaba). Además, tenía colgados unos frascos cuyas tapas estaban clavadas en la parte baja de una tabla sostenida por ménsulas de madera. Los pomos con los clavos clasificaban sus tamaños.
Mi padre y yo hicimos varias de las camas donde dormíamos. Las tablas de las camas que sostenían el colchón estaban numeradas y tenían notaciones precisas para colocarlas nuevamente en su lugar correspondiente cuando había necesidad de desbaratarlas y volver a armarlas. Izquierda, derecha, cabecera, pies, etc. Ahí, entre pomos y tablas, aprendí la importancia del orden espacial pare disponer mejor de las cosas. - Mi madre fue una excelente cocinera. Cortaba las verduras y disponía de las ollas en cocimiento a su antojo. Repetidas veces la vi cortar jitomates en rodajas. Comenzaba, como es natural, en uno de los extremos del jitomate. Conforme avanzaba el corte el jitomate, obvio, reducía su tamaño. El corte final podría resultar un tanto difícil de hacer ya que tenía que coger la última parte roma de esta verdura para cortarla cuidadosamente. Pues bien, ella, al llegar a la mitad del jitomate, lo giraba para comenzar de nuevo el corte por el otro extremo redondito del jitomate. Ahí aprendí que la materia es nuestra y que podemos disponer de ella como mejor se le antoje a nuestro ingenio para su mejor manejo.
El Santo Ángel
Mi madre murió el 8 de septiembre (nacimiento de la Virgen María). Funeral típico. En el féretro yacía silenciosa para siempre. Ventana abierta, su rostro reflejaba tranquilidad. Según me cuentan al parecer murió feliz. No lo sé, pero me gustaría creer que así fue. De lo que sí estoy seguro es que jamás tuvo miedo. Así de fuerte era. Quienes la conocieron supieron de su bondad. Y, al parecer, fue eso lo que se multiplicó entre los asistentes. Narro aquí las palabras que escuché entre la gente sin que yo inventara nada.
Como dije fue un funeral típico. Lejanos parientes en linaje vinieron de pueblos cercanos. También de la gran ciudad, la capital, y hasta de los Estados Unidos. Yo saludaba a todos y aceptaba sus condolencias. Charlé con uno y otro en el espacio ese de la funeraria. Enseguida esto es lo que escuché en pláticas a mi costado.
Primos míos Carlos y Alfonsina tuvieron a un par de hijos, sobre Renata dijo alguien: «Mija, estamos muy contentos de verte de nuevo. Nosotros te queremos mucho», escuchaba la niña ya alta con una linda cara de sorpresa.
Más adelante, alguien se acercó a mi tía Ramona, llamada por algunos «Ramoncilla». Linda mujer de rancho con sus largas y lacias canas bien peinadas. Escuché a su lado: «Tía, yo la quiero mucho porque es usted para mí la imagen de mi abuelita que no conocí». Y la tía agradecía contenta con esa sonrisa sincera que siempre la ha caracterizado.
«Prima –alguien gritó– ahora que ustedes llegan, yo ya me siento realmente en familia», y la prima feliz se lanza en un abrazo para el orgulloso primo (supe después que ellos no son primos hermanos, son primos segundos).
Susurrando, pero todavía audible de mi parte, un par de amigos charlan sobre la muerte y aquellos que nos han dejado: «Lo que más lamenté de la muerte de tu papá, fue el haberte perdido como amigo». Y es que el huérfano tuvo que salirse de sus estudios para sostener a la familia. Hermano mayor. La amistad rompió la cercanía necesaria para ser los mejores amigos.
Comienza lo más alto de la noche. Muchos de los dolientes y familiares se van a dormir a sus casas. Mis hermanas y yo pasamos la última noche entera con nuestra madre. Yo duermo en un horrible sillón negro cerca del féretro. Hace frío, yo no voy preparado para sufrirlo, pero de cualquier forma me gusta, siempre he preferido los climas fríos. Duermo, como decía, y de repente siento la presencia de alguien, me cubre con una ligera cobija. Gesto frecuente entre nuestra familia, muestra de cariño. Sigo durmiendo sabiéndome querido.
Mi madre ha muerto, pero un Santo Ángel ronda entre nosotros, multiplicando su espíritu bondadoso entre todos aquellos que la seguimos queriendo.
Novedad reconocida
Hoy ha vuelto a llover como en mi infancia. No ha parado por horas. El vientecillo frío se cuela entre las ventanas. Yo recuerdo haber vivido todo esto ya hace tiempo. Pero ahora no hay maravilla alguna, todo es tedio al saber lo que sigue. No es que extrañe la lluvia, hoy me doy cuenta, extraño la incertidumbre de lo venidero, mi imposibilidad de respuesta, mi agazapamiento temeroso.
Llueve y ahora sí me encuentro solo.
Tras bambalinas
Sobre las personas que opinan en las presentaciones de los escritores o conferencistas a espaldas de estos.
Ángela
No fue cuestión mágica, y hasta tiene su explicación lógica (que ni siquiera científica), pero en el sepelio de mi madre la vi a ella como una sombra, como una doble imagen de la gente que la acompañaba en su último adiós. Y no sólo eso, también mis ánimos la hacían viva cuando tenía yo cosas que contarle. «Ahorita que llegue con ella le contaré que vi a la mamá de Toño… Ah, no, ya no podré contarle eso«, terminaba concluyendo con tristeza.
Mi madre supuestamente ha muerto, pero no es así, está alrededor de las personas, como un espíritu, cubriéndolas a todas ellas que la conocieron, sonriendo, escuchando, charlando la plática eterna de quienes la quisieron, y reparte bendiciones como un ángel que se despide.