Borrachos

Víctor Manuel y yo visitamos a su amigo (¿cómo se llamaba?), el crítico de ópera. Él había señalado que la traducción al español de los cuentos completos de Edgar Allan Poe hecha por Julio Cortázar superaba al original. Pues bien, salimos de su casa ya en la noche para irnos a la nuestra en Gómez Maraver. Víctor y su amigo charlaban en el dintel de la puerta de salida. Yo vi a unos jóvenes tambaléandose de borrachos venir a lo lejos. Se acercaban. Al pasar junto a nosotros vimos que cada uno de ellos traía en la mano una caguama (cerveza tamaño familiar). Eran cuatro, todos ellos ciegos, ciegos de verdad. Si no esperas lo extraordinario, nunca te sucederá, había dicho Lezama Lima. Y ahí, en las calles nocturnas de Guadalajara se paseaba lo extraordinario.

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