Los panes como medida

Viajamos para conocer otros lugares. Sabemos que estamos en un terruño diferente al nuestro por el clima, las montañas, la arquitectura y sus calles.


Pero yo sé, me siento verdaderamente en otro pueblo, cuando veo la forma de sus panes, pruebo el sabor de sus bolillos en sus tortas y el dulzor de su pan dulce con el chocolate en leche.

Ángela

No fue cuestión mágica, y hasta tiene su explicación lógica (que ni siquiera científica), pero en el sepelio de mi madre la vi a ella como una sombra, como una doble imagen de la gente que la acompañaba en su último adiós. Y no sólo eso, también mis ánimos la hacían viva cuando tenía yo cosas que contarle. «Ahorita que llegue con ella le contaré que vi a la mamá de Toño… Ah, no, ya no podré contarle eso«, terminaba concluyendo con tristeza.

Mi madre supuestamente ha muerto, pero no es así, está alrededor de las personas, como un espíritu, cubriéndolas a todas ellas que la conocieron, sonriendo, escuchando, charlando la plática eterna de quienes la quisieron, y reparte bendiciones como un ángel que se despide.

Madre

Mi madre está muriendo. Y yo acá, lejos, ando en mi bicicleta. Hoy ha llovido, y está fresco el recorrido nocturno que me toca hacer a diario. Voy pedaleando y escuchando música, acabo de escribir algunas palabras en mi libreta. Recuerdo a mi madre postrada en la cama del hospital. No estoy triste, el viento golpea mi rostro y hasta sonrío. Me siento pretenenciente a algo. Soy escritor y mi madre me ha leído, me pregunta, me ha preguntado que si sigo escribiendo, que qué quise decir con esos versos de mi libro. Que acaba de leer otro libro. A mi madre le gusta la palabra escrita y le mortifica la extensión del universo. Charla con mis hijos, les pregunta sobre los espacios y los planetas a propósito, necesita maravillarse con la creación de Dios, sus nietos son el conducto de la maravilla. Ciertamente mi madre es una mujer extraordinaria.

Mi madre está muriendo. Ella sabe que yo escribo, puede entonces entregarse a su Dios creador porque en mis letras la estaré recordando mientras ella va conociendo, ligera e infinita, las maravillas de lo extenso.

Terremoto recordado

El día de ayer, 19 de septiembre (2010), estuve en mi pueblo natal. Mi hijo y yo decidimos hacer un recorrido fotográfico por siete templos, como las siete visitas que con regularidad la gente hace en Semana Santa a las “siete casas de Israel”. Comenzó nuestro recorrido en San Pedro, pero al llegar al centro de la ciudad nos topamos en el Sagrado Corazón con una gran figura de aserrín que nos indicaba que algo iba a suceder o ya había sucedido. Tras recorrer un poco el jardín principal y sus nuevas fuentes nos dimos cuenta de que había mucha gente guarecida en la Catedral y en el Portal del Gallo Bañado. Eso nos hizo sospechar que dicha gente estaba esperando algo. Pronto reparamos en que, efectivamente, todos esperaban participar en un suceso: la conmemoración de aquel fatídico e inolvidable 19 de septiembre de 1985.

Conmemoración (1)

19 de septiembre de 2010. Nuestro plan original, de mi hijo Allan y mío, era tomar fotos de siete templos como las visitas de Semana Santa. Nos detuvimos en el Sagrado Corazón intuyendo que algo pasaría. Nuestro proyecto se vio truncado a la vez que enriquecido puesto que hice mi primer reportaje gráfico en forma.

Llegamos justo cuando la figura conmemorativa había sido terminada. Acerrín de colores pintaban en el suelo figuras de humanos tomados de las manos recordando la solaridad que entre los sobrevivientes se había dado aquel año del 85. La lluvia comenzaba y amenazaba con ahuyentar a todos los feligreses. Las imágenes peregrinas fueron rápidamente resguardadas. El padre Salvador preguntó si hacían la conmemoración dentro del templo (justo cuando sus ayudantes removían la tarima que serviría de foro). La gente respondío que no, que ya habían soportado otras calamidades. “Somos josefinos, padre”, reclamaba una señora asegurando con ello que lo podían todo. “Ustedes mandan”, respondió el sacerdote y comenzó todo en el atrio del templo.

Conmemoración(2)

La lluvia, afortunadamente, había aminorado. La gente respondió al llamado del altavoz que indicaba se fueran reuniendo en el atrio de la iglesia. Poco a poco fueron llegando, los voluntarios tiraban las últimas rayas amarillas del sol que irían agrupando a las cuadrillas de danzantes. Las imágenes peregrinas del Señor San José y de la Virgen ya estaban dispuestas sobre la tarima móvil, algunas veladoras eran encendidas.

Bajo el cielo nuboso de Zapotlán y bajo la mirada del Padre Salvador, los fieles estaban ya dispuestos a comenzar la conmemoración de aquellos terribles hechos.

Conmemoración (3)

Los recuerdos comenzaban a aflorar tras escuchar las lecturas de un par de chicas. Niñas pequeñas preguntaban a sus abuelos los motivos de la conmemoración y el porqué de la solicitud de protección al Señor San José de los temblores. Las fechas recordaban aquellos añejos acontecimientos que forjaron el espíritu del zapotlense, 1747, el encuentro de las imágenes y, dos años después, la protección y la fiesta juramentada a nuestro patrono santo.

La banda de guerra sonaba lamentadora removiendo las entrañas por los muertos que ya no contaron su propia historia. El reloj de cartón marcaba la fatídica hora de 1985 cuando comenzó todo y terminó mucho. La lluvia volvía y los paraguas se hicieron notar.

Las palomas eran tantas que se veían dispuestas a repetir el día de Pentecostés con los feligreces quienes parecían indiferentes a lo que el cielo les brindaba.

Conmemoración (4)

Luego de terminar las lecturas y el recuerdo de los peores temblores que han afectado a nuestra ciudad, y tras seguir las indicaciones del organizador (¿un seminarista?) las diversas cuadrillas de sonajeros y danzantes salieron a la catedral para celebrar la Santa Misa. Cada contingente iba representando a los otros pueblos que habían caído también en desgracias naturales. Ahí iban Haití, Monterrey, Veracruz, etc. Al final nuestra ciudad, claro. Este contingente, con el que se cerraba todo, fue el que más bailó en el atrio de la iglesia.

La lluvia volvía y todos querían apurarse, sin embargo, nadie desistió de completar la corta procesión.

La chirimía dictaba el paso sonora y rítmica. Aquí también presento los sonidos de dicho instrumento popular y encantador. La lluviecita arreciaba, nuestro Señor San José había sido recordado como infalible protector de los temblores, pero ¿quién lo cuidaría a él de la lluvia? Un espontáneo y anónimo protector ofreció su paraguas al Padre Protector.

Los ramos 2

La Semana Santa también es esperada con ansiedad por los niños del Sur de Jalisco, pero no por cuestiones religiosas ni de esparcimiento vacacional. Esta semana comienza con el Sábado de Gloria, la entrada de Jesucristo a Jerusalén, cuando las humildes palmas sirven para dar la bienvenida y el triunfo del Redentor entre Su pueblo. Palmas que se agrupan en ramos, ramos de palmas que anuncian la Gloria del Hijo del hombre.

En muchas ciudades del país el catolicismo se muestra en hermosos tejidos que con verdes palmas realizan nuestros artesanos para que sean bendecidas y protejan contra los demonios.

Pero, además, en el Sur de Jalisco estos ramos generan una vieja tradición muy particular que se celebra sólo en estas fechas y en estas tierras: los «ramos», puestos artesanales con las más variadas creaciones en muy diversos materiales: barro, madera, papel y, más recientemente, plásticos que dejan de ser artesanías, pero siguen siendo juguetes. Los niños recorren las pequeñas y angostas calles con sus toldos cayendo pesados sobre las cabezas de los compradores, con la intención de hacerse de un juguete más para su diversión.

Por lo general estas artesanías vienen del estado de Michoacán, verdadero maestro popular en estas llamadas artes menores. Su llegada genera una contenida felicidad, contradicción de sentimientos puesto que se rememora la muerte de Cristo y, por otro lado, los nuevos juguetes llaman a la alegría.

Particularmente en Ciudad Guzmán este montaje colorido se efectúa anexo al tianguis semanal, al Sur Oeste de la ciudad, pero anteriormente (¿15, 20 años ya?) se realizaba en pleno centro y a lo largo de una sola calle, justo frente a la antigua casa de Juan José Arreola, desde Lázaro Cárdenas hasta Gordoa, cruzando la calle de Humbolt.

Zapotiltic, Tamazula, Tuxpan, Huescalapa, cada uno de estos pueblos (y muchos otros más que no nombré) llevan también a cabo el montaje de dichos tianguis artesanales conocidos simplemente con el nombre de «los ramos». Es tradición, también, comprar un jarrito, un carrito de madera, cazuelas o macetas, para regalar a los seres queridos. Al entregárselos se les notifica: «aquí te traigo tu ramos», generalizando con el sustantivo el objeto entregado e indicando que fue comprado ahí y no en otro lado, aunque se trate de algo que bien se vendía en otra parte y tenga las mismas propiedades.

Este fluir económico (el abuelo le regala al nieto; el yerno, a la suegra; los hijos, a la madre) aunque con bajas aportaciones monetarias en general, es apreciado como un descanso en los aconteceres cotidianos, un verdadero suceso sin el cual no puede concebirse la Semana Santa en nuestro Sur de Jalisco.